Mi padre entra en la
habitación. Tras varios intentos despierta a la bestia que duerme al
lado de mí, si mi hermano. Después de refunfuñar un par de veces,
consigue levantarse. Vuelvo a cerrar los ojos. Me duermo. Suena el
despertador de mi odiada BlackBerri. Lo primero que veo, es la hora,
7.40 de la mañana, odioso despertador y odiosas mañanas. Una luz
roja parpadea arriba del aparato. Tres “guasaps” y un “BBM”,
así, para empezar bien la mañana. Los whatsapp, la mayoría, de mis
amigos.
Camino a la ducha, mi
madre, muy mona ella recién levantada también. Me miro al espejo y
me pregunto que hace un chaval cómo yo, en un lugar como este, a
estas horas de la mañana. Salgo de la ducha, y me encuentro con mi
primer del día, ¿qué me pongo? Vaqueros, camiseta morada y
sudadera blanca. Así me va a ver el mundo hoy.
Colacao, tostadas, mi
hermana corriendo porque no llega al colegio. Otra vez mi madre, como
siempre, con algún artilugio de limpieza en la mano. Enciendo la
radio y pongo los 40 Principales a ver si me sacan alguna sonrisa
“estos” de Anda Ya. 92.2 FM. Esa es la frecuencia que se ve en la
pantalla de la radio. Una radio que tiene más años que Matuzalem.
Como esos años que hacia que el Zaragoza no ganaba a Osasuna,
primera noticia que leo en el periódico. 8.30, hora de salir de
casa. De camino al garaje para coger mi bicicleta me junto con la
señora que limpia el portal de mi edificio. Vestida de azul, como la
muñeca, pero con gafas y algo más mayor.
Caminando por la calle,
muchos niños acuden de las manos de sus madres al colegio. Coches,
motos y villavesas. Llego a la puerta del garaje. Gris con un
cristal. Bajo las escaleras. Llego al piso menos 3, mi planta.
Oscuro, me cuesta encontrar la luz. Llego a la puerta del trastero
para sacar la bicicleta. Ahí esta, gris y roja, vieja. Vuelvo a
subir, esta vez por el ascensor.
Comienzo a pedalear por
la Avenida Pamplona. Gente andando se cruza por el carril bici sin
saber el peligro que supone tanto para los viandantes como para los
ciclistas. Un coche rojo, un coche negro... ¡un coche naranja!
Increíble.
Llego a la universidad.
Mucha gente a las 8.55 de la mañana, hora a la que vuelvo a mirar el
reloj. Entro en clase, aula 1. Abandono la cámara por unos momentos.
Antes de dejarla me da tiempo a tomar la última instantánea,
Gonzalo corriendo a clase porque cree que llega tarde. Son las 13.00
horas, salgo de clase. Vuelvo a coger la bici dejando atrás a
muchísima gente fumando afuera del edificio de FCOM.
Llego al lugar de
encuentro de mi cuadrilla de amigos, la bajera. AUIO pone encima de
la puerta de entrada. Dentro están Sodupe, Goñi, Juanjo, Erce...los
que conocemos como “los muebles”. Denominamos así a los que
prácticamente se pasan las 24 horas del día en la bajera. El Fifa
en una tele y Mujeres y Hombres y Viceversa en la otra. Tras beber
una CocaCola y echar unas risas, vuelvo a coger la bici y, cruzando
Iturrama y Hospitales, llego a Barañain.
Dos de la tarde. Llego a
mi casa a la vez que mi hermana que viene del colegio. Toca hacer
para comer arroz y pechugas. Me pongo a hacer la comida. Mientras,
vasos, cubiertos, platos encima de la mesa. Por fin mi hermana a
preparado la mesa.
Termino de comer y me
echo la siesta tras una mañana ajetreada. Mi cama, mi almohada.
Oscuridad otra vez.
Mi madre me despierta. A
llegado de trabajar y me avisa de que tengo que ir a entrenar a mis
niñas. Baloncesto. Cojo el coche dirección Mutilva. Aparco la
cámara. Cojo el bolso una vez aparcado el coche. Antes de empezar a
entrenar a las chavalas, les pido que posen para sacarse una foto.
Están todas menos Amaia Muro, que raro, vuelve a faltar. Foto de
equipo, incluido Fernando, mi segundo. Aparco otra vez la cámara
porque este entrenamiento es muy importante. Terminamos el entreno.
Ducha.
Llego a casa y me pongo a
hacer alguna tarea que tengo. Bolígrafo, hojas blancas, escribo un
rato. Vuelvo a aparcar la cámara hasta que entra mi hermano, la
fiera de la mañana, tocando las narices, como de costumbre. Cena.
Ensalada. Un poco de tele. Todos en el sofá y, a la cama. Hasta
mañana.